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viernes, 26 de febrero de 2010

Efectos del calentamiento global...


Un bloque de hielo, de 2.550 kilómetros cuadrados, se desprendió el 12 o el 13 de febrero del Glaciar Mertz, un cuerpo de hielo flotante de 160 kilómetros de largo que emerge de la Antártida oriental y se extiende sobre el Océano Antártico al sur de Melbourne, Australia.

El iceberg podría perturbar la biodiversidad excepcionalmente rica de la zona, que incluye una importante colonia de pingüinos emperadores cerca de Dumont d’Urville, donde se encuentra una estación científica francesa en la Antártida.

La masa de 78 kilómetros de largo y la mitad de ancho, con un peso de más de mil millones de toneladas, se desprendió tras ser embestida por otro iceberg conocido como B9B, que se había separado del continente antártico en 1987.

Atascado allí durante más de dos décadas, el Glaciar B9B se estrelló de frente con la lengua del Glaciar Metz al comenzar a desplazarse.

Tanto ciclos naturales como el cambio climático de origen humano contribuyen al colapso de plataformas de hielo y de glaciares.

La marea y las corrientes océanicas golpean constantemente las áreas expuestas, mientras que veranos más largos y temperaturas más altas también contribuyen a dichos cambios.

Cabe destacrar que los iceberg a la deriva, pueden derretirse en cuestión de décadas. Atascados contra la masa antártica, pueden durar más tiempo e interrumpir el normal desplazamiento de las corrientes oceánicas, pudiendo originar consecuencias nefastas para el clima de la región.



Gaia Misiones

viernes, 25 de septiembre de 2009

Los satélites ponen al descubierto el deshielo de la Antártida y Groenlandia


Estos hallazgos, que constituyen un paso importante en este ámbito, se desprenden de un estudio que publica esta semana la revista británica científica Nature.

La pérdida de hielo más profunda se debe a la aceleración en el deshielo de los glaciares en el momento en que éstos se funden con el mar, según señala un grupo de investigadores del British Antarctic Survey y de la University of Bristol (sur de Inglaterra) .

Para llegar a esta conclusión, los expertos analizaron millones de medidas de las inmensas capas de hielo tanto de la Antártica como de Groenlandia proporcionadas por la NASA.

Los expertos vieron que este “ adelgazamiento dinámico ” que experimentan los glaciares alcanza ahora todas las latitudes en Groenlandia, se ha intensificado en las costas de la Antártida, está penetrando en el interior de las capas de hielo y se está extendiendo en forma de delgadas capas heladas debido al deshielo del océano.

El responsable del estudio, Hamish Pritchard, del British Antarctic Survey (BAS) , subraya la “ sorpresa ” que estos descubrimientos han provocado en el grupo de investigadores al ver "un patrón tan fuerte de adelgazamiento de los glaciares en áreas tan grandes de costa ” .

“Pensamos que la causa más probable de que haya un flujo más rápido en el glaciar se debe a las corrientes cálidas de los océanos cuando alcanzan las costas y funden el glaciar ” , señala.

Este experto admite que este fenómeno de deshielo aún no se comprende bien por lo que “ continúa siendo la parte más impredecible del aumento en el nivel del mar en el futuro ”



Gaia Misiones

martes, 17 de marzo de 2009

Hallazgo argentino en la Antártida


Científicos argentinos anunciaron el hallazgo en la Antártida de un "cementerio" de amonites gigantes, con una antigüedad de unos 65 millones de años. Se trata de un depósito natural de amonites, moluscos fósiles del grupo de los cefalópodos, con concha externa en espiral, parientes lejanos de los actuales pulpos y calamares.

El campo de amonites gigantes -de 80 centímetros a 1,20 metros de diámetro- se encontró en un "cementerio de gigantes del mar", hallado a unos 100 kilómetros de la base antártica argentina Marambio y tiene como característica principal la alta concentración de restos fósiles. La particularidad de esa concentración es que es provocada por tormentas.

Estos eran organismos que vivían en el mar abierto, morían probablemente en el mar y grandes tormentas los transportaban sobre la superficie de las aguas y los concentraban en una playa. Cabe destacar que el grado de preservación de los fósiles es "excelente". Un hallazgo que verdaderamente hará historia.

Gaia Misiones

domingo, 15 de marzo de 2009

Efectos del Calentamiento Global en la Antártida


La plataforma de hielo Wilkins, en la península antártica, se convertirá pronto en la décima capa de hielo flotante en desaparecer en el océano de los últimos 50 años. Las plataformas de hielo son extensiones de capas de hielo continental que flotan en el mar. Pueden tener varios metros de grosor. La mayor de la Antártida, la de Ross, es tan grande como Francia.

Desde la primavera pasada, la plataforma Wilkins se mantiene pendiente de un hilo, y actualmente está unida por una franja de hielo de apenas 40 kilómetros de largo y 500 metros de espesor en su punto más estrecho. Según los científicos, su colapso es inminente y es un milagro que no haya ocurrido ya.

La plataforma tiene una superficie de miles de kilómetros cuadrados y sobresale 20 metros por encima del mar junto a la península antártica. La franja que la mantiene en su sitio, ahora de 40 kilómetros, era hace 50 años de 100 kilómetros.

En su origen, la plataforma Wilkins cubría 16.000 kilómetros cuadrados. En las últimas décadas ha perdido el tercio de su superficie, pero aun así sigue siendo del tamaño de Jamaica. "Realmente podría desprenderse en cualquier momento", aunque quizás pueda durar semanas o meses. Una vez que se desprenda, el hielo será absorbido por el mar.

En los últimos 50 años otras nueve plataformas han retrocedido o colapsado alrededor de la península antártica: Larsen A, Larsen B y Larsen C, Príncipe Gustav, Muller, Jones, Wordie, George VI norte, George VI sur y Wilkins. En total, se estima que han desaparecido unos 25.000 kilómetros cuadrados de hielo.

Tanto ésta como las otras nueve plataformas que hemos visto con una trayectoria similar son consecuencia del calentamiento. Algunas de ellas tenían al menos 10.000 años de edad. En el continente, el espesor medio del hielo es de unos tres kilómetros, y se han extraído "testigos" (muestras) de hasta 800.000 años.

La pérdida de plataformas continentales no suele afectar al nivel del mar significativamente porque es hielo que en buena parte está sumergido en el agua. Lo que sí preocupa a los científicos es que, al desaparecer, permita el desplazamiento de los glaciares continentales hacia el mar, algo que sí alterará el nivel del agua.

La temperatura en la península antártica ha aumentado unos 3ºC desde 1950, en contraste con el resto del continente blanco, donde apenas se han registrado indicios de calentamiento. El Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC) de la ONU, estimó en 2007 que el nivel del mar se elevaría entre 18 y 59 centímetros en este siglo.

En el siguiente link del National Snow and Ice Data Center se puede acceder a imágenes satelitales de la barrera de hielo Wilkins en distintas fechas.

domingo, 1 de marzo de 2009

“Científicos confirman la existencia de una cordillera bajo la Antártida”

La formación fue descubierta hace 50 años por un geofísico soviético, pero ahora investigadores de siete países están elaborando un mapa de la zona.

Un equipo científico confirmó que a tres kilómetros de profundidad bajo la Antártida, se encuentra una cordillera montañosa tan grande como la de los Alpes.

El equipo está integrado por investigadores de siete países que están elaborando un mapa de la zona. Las montañas fueron descubiertas hace 50 años por el geofísico soviético Grigoriy Gamburtsev, pero hasta ahora sólo se había llevado a cabo un pequeño estudio en la década de los 70 sobre la zona.

Las montañas tienen un tamaño similar a los Alpes, miden 700 kilómetros de largo y 250 de ancho.
Los mapas que están elaborando los investigadores ayudarán a responder algunas interrogantes, como por ejemplo sobre cómo se formaron los glaciares.

Otro de los descubrimientos que sorprendió a los científicos fue la aparición de agua líquida en algunos valles, pese a que el grupo de investigadores trabajó en la superficie a una temperatura media de 30 grados bajo cero.

Los mapas se están completando como parte de la celebración del Año Polar Internacional.


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GAIA MISIONES

viernes, 27 de junio de 2008

El Ártico: una región estratégica

En una cumbre realizada en el mes de mayo de 2008 en Groenlandia, los cinco países que limitan con el Ártico –Estados Unidos, Rusia, Canadá, Noruega y Dinamarca- tuvieron su primer encuentro para intentar superar una disputa por una amplia zona del Polo Norte, que se calcula alberga una cuarta parte de las reservas mundiales de petróleo y de gas que aún no está bajo la soberanía de ningún Estado.

En la reunión en la ciudad de Ilulissat, en el oeste de Groenlandia (territorio de ultramar danés), representantes de los cinco países acordaron que no debe producirse un combate por las reivindicaciones territoriales en el Ártico. Dinamarca, que convocó al encuentro para disminuir la tensión entre los cinco países, ansiosos para extender su soberanía, pretende que el resto acate las reglas establecidas por las Naciones Unidas en 1982 para llevar a acabo un eventual reparto en la zona que aún no tiene dueño.

La Convención sobre el Derecho del Mar de la ONU -que entró en vigor en 1994- prevé una zona de soberanía de 200 millones náuticas (370 kilómetros) desde las costas de los países que limitan con el Ártico. Pero queda un territorio de 1,2 millones de kilómetros cuadrados muy codiciado, porque según el instituto norteamericano Geological Survey, su subsuelo esconde la cuarta parte de las reservas mundiales de petróleo y de gas aún sin explotar.

Además, la convención-ratificada por Dinamarca, Rusia, Noruega y Canadá, pero no por Estados Unidos-estipula que cada Estado puede presentar reivindicaciones hasta 10 años después de haberla ratificado si presenta pruebas científicas de que su plataforma continental se extiende más allá de las 200 millas náuticas.

Fue por eso que, para probar que sus demandas estaban fundamentadas y así poder reivindicar el mayor territorio posible, varios países organizaron expediciones cartográficas al Ártico.

La carrera por las potenciales riquezas del ártico se ha acelerado por el derretimiento de los hielos, que, además de facilitar la explotación petrolera, abriría nuevas vías marítimas.

En la zona hay dos pasos: el del Noreste (no navegable) y el del Noroeste, que Canadá reclama como propio, pero la Unión Europea y Estados Unidos afirman que es internacional. Según los investigadores, este último paso, que se abrió por primera vez en 2007 (producto del calentamiento global), podrá ser utilizado todo el año por los barcos a partir de 2050, lo que permitiría un ahorro de hasta 8.600 kilómetros en un viaje entre Tokio y Hamburgo.

En la cumbre de Groenlandia, los cinco gobiernos se comprometieron a adoptar medidas conformes a las leyes internacionales para garantizar la protección del frágil medio ambiente del Océano Ártico.


Licenciado Sergio Luis Alberto Páez
Departamento de Geografía
Instituto Superior “Antonio Ruiz de Montoya”

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domingo, 2 de marzo de 2008

Mosaico satelital de la Antártida

En apoyo al Año Polar Internacional 2007-2008 (International Polar Year -IPY-), el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), la NASA y el Servicio Antártico Británico (BAS), con el financiamiento de la National Science Foundation (NSF) han creado lo que ha dado en llamarse LIMA.

El Landsat Image Mosaic of Antarctica (LIMA) está compuesto por más de 1000 escenas de gran resolución del satélite LANDSAT 7 ETM+. Cubre por entero el continente blanco, excepto un área entre los 82.5 y los 90 grados de Latitud Sur donde el Landsat no tiene cobertura pero que ha sido completada con imágenes MODIS.

Para el acceso público a Internet en
http://lima.usgs.gov/

viernes, 22 de febrero de 2008

Día de la Antártida Argentina

En 1904, un 22 de febrero, la República Argentina iza el pabellón nacional y toma posesión del Observatorio meteorológico y Magnético ubicado en la isla Laurie de las Orcadas del Sur y que ha funcionado ininterrumpidamente desde ese momento. Esta es la instalación más antigua establecida en la Antártida.











La región antártica argentina está delimitada por los meridianos de 25 y 74 grados longitud Oeste y el paralelo de 60 grados latitud Sur. Forma parte de la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántcio Sur.

Las autoridades provinciales residen en Ushuaia y el Gobernador designa anualmente su delegado para la región antártica, quien representa el poder civil de la zona.

Foto tomada en el Museo del Fin del Mundo, Ushuaia.


Licenciada Analía Beatriz Margalot
Departamento de Geografía
Instituto Superior “Antonio Ruiz de Montoya”


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martes, 12 de febrero de 2008

Misión Antártica

El ingeniero y montañista Rodrigo Jordan acaba de finalizar una nueva expedición a la Antártica. Esta vez, como parte de un equipo multidisciplinario, que navegó en kayak por la región para ver cómo ha afectado el cambio climático al continente menos contaminado del planeta. Luego de cinco semanas remando, Jordan concluye que los cambios saltan a la vista y son alarmantes. Aquí narra su experiencia en exclusiva.

Por Rodrigo Jordan, desde la Península Antártica. Edición: M. Soledad Holley

Es difícil imaginar que el cambio climático es real hasta que lo ves con tus propios ojos. Y en la Antártica de hoy, esos cambios tan dramáticos son más que evidentes. Es lo que hemos podido apreciar luego de casi cinco semanas navegando por esta región, a la que he ido varias veces antes. Aunque nunca como ahora: a nivel del agua, remando, a bordo de un kayak.

Este circuito es la culminación de Ocean's 8, el proyecto de Jon Bowermaster, periodista amante de la vida al aire libre y cronista de National Geographic y The New York Times, con el que ha recorrido los cinco continentes durante casi diez años, verificando la salud de los mares, combinando aventura y ciencia.

A la Antártica partimos la víspera de Año Nuevo desde Puerto Williams, a bordo del velero Pelagic Australis. El primer objetivo era la isla Rey Jorge, donde se encuentra la base chilena Frei. Un mes antes, Jon habia dejado los kayaks esperando ahí. Viajábamos con incertidumbre. El itinerario original de nuestra expedición pretendía recorrer la costa este de la Península Antártica. Específicamente el sector donde hace cinco años se desprendió la gigantesca placa Larsen. Queríamos circunnavegar la isla Ross, en el mar de Weddell, para tomar muestras de nieve fresca que serían analizadas luego. También queríamos hacer recuentos de animales y analizar la situación de los hielos desde el agua. Pero los reportes no eran auspiciosos. Luego de un sobrevuelo, decidimos suspender la misión. La cantidad de hielo acumulado hacía imposible la navegación. Así que optamos por cambiar la ruta e ir lo más al sur posible por el lado oeste. Más allá de donde llega la mayoría de los cruceros de turismo.


La ruta definitiva

La mejor forma de conocer el mundo es caminando. Así uno puede ver las cosas en su justa perspectiva. Y el kayak es lo más parecido a caminar en el agua, con los hielos al alcance de la mano. De esta manera, es posible apreciar mejor los niveles de conservación en la zona.

Más al sur de las rutas comerciales, más allá del Canal Lemaire y la base ucraniana Vernadsky, pudimos apreciar sitios con altos niveles de conservación, donde todo está aún intacto. Algo ya difícil de ver en sitios como las Islas Shetland o en el Estrecho de Gerlache.


Si esto fuese un artículo turístico, recomendaría detenerse en la Bahía Paraíso, el Canal Lemaire, las Islas Argentinas, donde está la base Vernadsky y el instrumento con el cual se descubrió el fenómeno del hoyo en la capa de ozono; y el paralelo 67, el punto más austral al que llegamos, luego de que el hielo nos impidiese seguir.


En ésta, nuestra "frontera", el Pelagic tiró el ancla sobre un témpano, bajamos los kayaks y navegamos en los pequeños canales que se producen entre los hielos. Y pudimos replicar una de las fotos clásicas del viaje del explorador antártico Ernest Shackleton, donde se ve su barco, Endurance, atrapado al fondo, mientras la tripulación juega un partido de fútbol.


La nueva Antártica
Es imposible ir a la Antártica y no dejarse maravillar ante el espectáculo que se despliega. Aunque uno haya hecho el viaje ya varias veces.

Nunca imaginé que habría tantas diferencias con mis expediciones anteriores. No sólo geográficas. Antes había estado en el desierto antártico, en el centro del continente, donde no hay nada, mientras que a la orilla del mar está lleno de vida, en un espectáculo sólo comparable quizá a las Galápagos.


Acá la fauna no tiene ninguna consideración (ni temor) al ser humano. Los pingüinos saltan al lado mientras uno rema, las focas leopardo miran tranquilas desde los témpanos y hasta las ballenas jorobadas se animan a juguetear alrededor de yates como el nuestro.


Pero las diferencias que se hacen sentir son otras. La presencia humana es una de ellas. El turismo aumenta y se nota. No sólo son grandes cruceros sino también veleros privados. Tantos que en sitios como Port Lockroy echamos ancla junto a otros siete yates.

Port Lockroy, por cierto, es una antigua base inglesa atendida por tres personas que pertenecen a una organización de conservación británica. Aquí funciona una oficina de correos, donde cada año despachan 80.000 postales. Sólo el año pasado recibieron 17.000 visitantes, y calculan que este año tendrán mil personas más. Y esa cifra no refleja los grandes barcos que vienen pero no desembarcan gente.


Afortunadamente, muchos de los operadores turísticos de la Antártica firmaron el pacto de la IAATO (International Association of Antarctic Tour Operators), que impone una serie de restricciones a la hora de visitar el continente, como el manejo de los desechos, las formas de aproximación a la fauna y la obligación de dejar todo intacto. Pero con el aumento del turismo, se han sumado operadores que no han firmado el tratado. Un escenario que podría permitir el desembarco descontrolado de personas.


El incremento del turismo además trae aparejado el riesgo de accidentes. Ya se ha sabido de dos durante esta temporada: el naufragio del Explorer en noviembre y el accidente del Fram, del cual se habló menos porque no tuvo mayores repercusiones. A la mayoría de la gente se le olvida que la Antártica sigue siendo un ambiente hostil, duro e impredecible, y lo más grave del caso es que no existe un procedimiento específico para abordar dichos imprevistos. Y como tampoco hay una autoridad antártica, es muy difícil de administrar, ya que requiere de buena fe y disposición por parte de los distintos actores.

La otra gran diferencia con mis anteriores viajes son los vestigios dejados por los antiguos exploradores de la Antártica. Hay muchas bases que pertenecieron a la British Antarctic Survey durante las décadas del 40, 50 y 60, y que hoy están abandonadas. Algunas de ellas, como Port Lockroy, han sido recuperadas como monumento histórico y son mantenidas por alguna organización de preservación.

Sin embargo, hay otras, como la W, que están intactas. Y al entrar, uno siente que los viejos exploradores pueden volver en cualquier minuto. Están los desatornilladores en el taller, los esquís en la puerta, las chaquetas colgadas, las teteras arriba de la cocina. Es un sitio impresionante porque refleja lo que fue todo ese espíritu expedicionario de una segunda racha de exploradores, de los cuales se habla muy poco y que son posteriores a los históricos Shackleton y Scott. Es gente que se pasó dos o tres años en la Antártica, que recorrió toda la Península y que no venía por el trabajo exclusivamente.


El vertiginoso calentamiento

Decía antes que es difícil dimensionar las consecuencias del cambio climático hasta que ves sus consecuencias.


En este lugar, cada cambio se nota de manera definitva.


Durante la expedición, una de las huellas que más nos impactó fue el efecto en la fauna.

La base chilena Gabriel González Videla está montada, literalmente, sobre una pingüinera. Revisando material y fotos antiguas, uno puede apreciar que la población de pingüinos correspondía a la especie Barboquejo. Lo que se ve actualmente en los alrededores de las instalaciones militares (ésta es una base de la Fuerza Aérea) son de la variedad Papúa, una variedad que solía encontrarse mucho más al norte.

En la base Palmer, perteneciente a Estados Unidos, explican que las aguas de la Antártica han subido de 4 a 5 grados de temperatura en los últimos veinte años. Una diferencia significativa para un ecosistema tan sensible como éste. Y debido a este fenómeno, los pingüinos Barboquejo y Adelia, que son antárticos, se han tenido que trasladar más hacia al sur, a sectores más fríos, y le han dejado el espacio a los Papúa, que son subantárticos y están más acostumbrados a estas tibiezas.


El otro hecho que impresionó a la expedición fue el Cabo Renard, ubicado en la entrada norte del Canal Lemaire.


Se trata de una de las fotografías más típicas de la Antártica, donde se aprecian dos montañas, que parecen senos. Sin embargo, como se ha ido derritiendo el hielo, se ha descubierto que en realidad se trata de una isla y no parte del continente. El calentamiento global y el retroceso de los hielos están dando paso a figuras geográficas que antes se suponía no existían. O que los mapas no habían registrado.


El cambio ha sido tal que durante la travesía gozamos de un clima inusitadamente bueno para la Antártica. Hablamos de temperaturas de tres o cuatro grados durante el día.


A los mismos compañeros de expedición les llamó la atención, porque en la mayoría de sus respectivas ciudades natales -ubicadas en Montana o Nueva York, por ejemplo-, hace mucho más frío en invierno. Mientras Skip Novak, el capitán del velero, que lleva veinte años viajando a la Antártica, decía que nunca le habían tocado condiciones mejores.


Fue ese mismo buen clima el que nos jugó una mala pasada a la hora de intentar hacer montañismo, porque las condiciones de la nieve eran pésimas. Me sentí muy frustrado. Lo intentamos en dos oportunidades. En la primera, cerca de la base W, armamos campamento y tuvimos que esperar dos días condiciones mejores, porque nos agarró una tormenta de nieve que no nos dejó hacer mucho. El segundo intento fue en las inmediaciones de Port Lockroy, donde además de impotencia, sentí miedo. Estuvimos bastante cerca de hacer cumbre, pero el peligro de avalancha de placas era inminente, con grietas por todas partes.


Las peores condiciones se dieron la última semana, cuando ya navegábamos de regreso a Puerto Williams y nos tocó una lluvia torrencial, pero al estilo de las de Valdivia o Puerto Montt. Algo nuevamente inusual para la Antártica.


Mientras llovía, pudimos ver una colonia de pingüinos Papúa cuyos polluelos tiritaban de frío. Como todavía no han cambiado el plumaje, no están suficientemente preparados para resistir el agua. Los científicos de la base Palmer temían que muchos de ellos murieran de frío.


Las cosas en la Antártica están definitivamente diferentes. ?

Artículo publicado en el diario El Mercurio de Chile, el 10 de Febrero de 2008.
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